¿Tendrá éxito la nueva reforma educativa 2019?

No es difícil predecir el éxito de una reforma cuando no hay continuidad, cuando los cambios son superficiales, cuando obedecen a interésese políticos, cuando de por medio está la lógica de la conveniencia populista y no la razón de la oportunidad por mejorar los procesos educativos de las nuevas generaciones.

Ya lo decía el título del libro coordinado por Guevera Niebla, “La catástrofe silenciosa”, donde la educación en nuestro país sigue derrumbándose debido a las políticas educativas que han dado resultados alarmantes, rezagos educativos, indicadores pobres, donde pocos dicen todo, y todos dicen poco.

escuelas1Es sabido por todos que el papel del docentes es primordial, sin embargo, poco se ha hecho para que se reconozca todo. Ejemplo de ellos fue Carrera Magisterial. ¿Realmente benefició a los docentes para que pudieran sentirse reconocidos y mejor pagados, y así   hacer su tarea de manera extraordinaria?. El papel del sindicato acotado, antidemocrático y dispuesto al servicio de unos cuantos, minó, disminuyó y no dejó crecer ésta política educativa que iba a actualizar el quehacer educativo de las maestras y maestros.

Hoy estamos a la espera de conocer los miembros del comité para la mejora de la educación, pero una cosa es cierta, el proceso de selección no tiene la claridad ni la eficiencia para seleccionar a los más idóneos. A fin de cuentas es una selección hecha por legisladores poco ilustrados en el ámbito educativo, incapaces de tener la visión educativa para hacer que este cambio propuesto por el actual secretario de educación funcione.

La mencionada reforma tiene un acierto, es momento de valorar y reconocer la función docente por las autoridades educativas, por los padres de familia, por los mismos estudiantes y por la sociedad en general. Existe una experiencia chilena llamada Elige Educar, donde se han propuesto, con estrategias medibles, devolverle el valor que debe tener el profesor en la sociedad, en la escuela y en las familias. Dos acciones comento, las cuales tienen un toque de sensibilidad humanista digno de seguir: Los mejores estudiantes de educación media superior también deben estudiar pedagogía, educación o para docente; y segundo, apoyar con posgrados de calidad a docentes que tengan el mérito y las características.

No podemos advertir el éxito total de una reforma cuando las intenciones y finalidades no están bien argumentabas y responde a intereses de imagen, de negociación y muy poco a un análisis y planeación conjunta por especialistas. Tomar en cuenta al docente no es levantar una encuesta a unos cuantos, es trabajar con los docentes mediante un involucramiento de dos años con investigaciones, mesas de diálogo, trabajo de seguimiento, donde se pongan las bases precisas del tipo de ser humano que queremos formar, del docente que se necesita para lograr dicho objetivo y las estrategias escolares que logren la articulación de los actores de la educación: docentes, autoridades educativas, familia y sociedad civil organizada.

La esperanza sigue en miles de maestros que están en el aula, en la dirección de una escuela, incluso en alguna supervisión escolar, y que nos sigue salvando. Esto apenas comienza, es un esfuerzo de construcción, de tiempo, de diálogo y de paciencia.

Ignacio Solano Rodríguez

Genera Educación

¿A quién beneficia realmente el Nuevo Modelo Educativo?

Ante los continuos cambios sociales, es obvio que necesitamos repensar el modelo educativo, la forma en qué estamos educando y el perfil de alumno que queremos formar para este país y sus grandes desafíos. Urgía una reforma educativa que tomara en cuenta el fondo y la forma, en este caso Enrique Peña Nieto empezó por la forma y después por el fondo, sin embargo las bases de dicho modelo educativo tienen sus bemoles, su incertidumbres, es decir, la intención real de dicho modelo dista mucho de alcanzar el fin último: el verdadero desarrollo de cada niño, joven, docente, directivo y padre de familia, actores todos de la gran esperanza llamada educación.

Cuando se han implementado reformas, cambios y proyectos educativos en los distintos Gobiernos de nuestro país, se han pensado y planeado de forma vertical, de arriba hacia abajo. Aun cuando se realizaron las consultas correspondientes, los Foros de consulta en las distintas regiones del país, y un equipo de especialistas (CIDE) se hicieran cargo de sistematizar las diversas propuestas, el trabajo de formulación, argumentación y construcción de un Modelo Educativo debió haberse hecho con  docentes, directivos, supervisores, jefes de sector, investigadores de la educación y especialistas en historia de la educación en México, para que tuviera el mayor toque de realismo, capaz de analizar  las problemáticas, necesidades y retos del campo de batalla, de la micro educación, de lo que está pasando en el aula.

El intento de revolucionar la educación ha estado presente en varios momentos de la historia de México, pocos con éxito y de alto impacto. Fernando Solana en el libro, “La SEP por dentro” (2004), de Pablo Latapí Sarre, afirma y desnuda con claridad que “los presidentes de México no han tenido una visión de la educación dentro de un proyecto nacional, como instrumento para construir una sociedad y un país (sólo la  tuvieron Álvaro Obregón con José  Vasconcelos y, en cierta forma, Adolfo López Mateos por influencia de Jaime Torres Bodet)”.  En el mismo libro, Latapí Sarre puntualiza que Manuel Bartlett intentó sin éxito llevar a cabo la descentralización de la educación básica e implementar una reforma educativa, la cual incluía un Modelo Operativo, que nunca obtuvo la aprobación del magisterio. Esta difícil tarea le costó su lugar en la silla de Vasconcelos. Parece, hasta ahora, que una gran parte del magisterio ha aceptado dicho modelo como signo de aprobación, más no lo ha revisado, valorado ni hecho propio, este es uno de los grandes desafíos ¿le dará tiempo en este corto espacio de gobierno que queda, tener la aprobación real de los educadores de este país?.

Un ejemplo claro de operación política lo dio Zedillo en los 20 meses que ocupó el cargo de Secretario de Educación Pública. Entró en enero de 1992 y para el 18 de mayo del mismo año, ya estaba firmado el Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica, tanto por la SEP, por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y  los gobiernos estatales. Los cambios educativos que este tiempo representó, también tienen sus cuestionables resultados y que hoy se han ido renovando: Carrera Magisterial, programas y libros de texto y la Ley General de Educación; ello nos indica que las mejoras sustanciales en la formación de los ciudadanos no han sido exitosas, y al pasar de las décadas tenemos resultados educativos que nos cuestionan y exigen auténticos modelos y maneras de educar. El manejo político a esta Reforma Educativa, que incluye un nuevo Modelo Educativo, no es suficiente y tendrá resultados similares a propuestas del pasado. Una pregunta que pondrá a prueba el Modelo Educativo es ¿si el Gobierno que quede electo para el 2018, mantendrá dicho proyecto educativo?

El papel del docente en estos movimientos políticos y educativos, fue reconocido por las autoridades de la SEP y la misma Presidencia de la República, pero no por ello el problema está resuelto, tenemos que trabajar en un diálogo y compromiso mutuo entre autoridades educativas y docentes para hacer posible los planteamientos reformadores. Ernesto Meneses tenía claro que el principal problema, reto y aspecto que en la historia de la educación mexicana no se había trabajado, es la relación alumno – docente. De ella depende la aplicación de contenidos, infraestructura, libros de texto y demás herramientas externas, incluso de cualquier modelo pedagógico. En el documento saliente afirma que “…los docentes deben recibir apoyo en su formación para desarrollar las capacidades que el aprendizaje exige” (SEP, Modelo Educativo para la educación obligatoria, 2017), ¿Cuánto tiempo nos llevara hacer que cada docente tenga dichas capacidades para hacer posible que el alumno, con un contexto e historia determinada, aprenda a aprender, a ser crítico, a desarrollar habilidades socioemocionales, artísticas, a desarrollar lo que es y tiene? ¿Están contempladas estrategias de fondo, en el nuevo impulso a la formación docente inicial y continua?

El verdadero fin del Modelo Educativo implica la pregunta añeja: Educar ¿para qué?, y más aún, implica una filosofía Educativa, una revisión de los postulados educativos que respaldan el artículo tercero constitucional. Nos falta la transformación de sueños a necesidades educativas, de políticas educativas a procesos de aprendizajes humanizados y personalizados. El proceso educativo es complejo, tanto por lo humano como por lo histórico y su contexto, y ante ello, los resultados esperados con este Nuevo Modelo Educativo no tienen mucha certidumbre, sí orden e imagen. Esta propuesta gubernamental tiene varios temas que sortear: ¿El análisis, la aprobación y puesta en marcha de dicho documento por parte de docentes, directivos y padres de familia, así como de la sociedad civil organizada, tendrá los resultados esperados? No hay una estrategia y lineamientos claros para la formación del maestro, y menos un diagnóstico de las habilidades docentes, ¿cuál es la situación de docentes mexicanos con respecto a sus habilidades de enseñanza, de pensamiento crítico y de la habilidad para aprender a aprender? (necesaria esta información para enfocar las tareas de formación) ¿Bastará el tiempo que queda del sexenio para hacer que educadores nos apropiemos del Modelo?

Seguimos con nuestra clases expositivas, todavía muchos docentes tenemos la tendencia de educar como lo hicieron con nosotros y no para educar a partir del diálogo, del razonamiento y el libre pensamiento, de escuchar y reflexionar sobre lo que nuestros niños y jóvenes son, viven, piensan y sienten. Tenemos una realidad social e histórica en las aulas que nos compromete a cambiar de raíz nuestra práctica educativa, nuestra administración de los recursos públicos y reorientación constante de las políticas públicas; de no hacerlo, solo tendrá este Modelo Educativo un beneficio mediático y político para unos cuantos y no un impacto y huella para el bien de niños y jóvenes mexicanos de hoy y del futuro.

José Ignacio Solano Rodríguez

Comprender lo que somos

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¿Qué pienso del ser humano? ¿Qué pienso de mi mismo, de lo que soy? ¿Tiene sentido conocerse a sí mismo cuando han pasado años de existencia? ¿Para qué? ¿Por qué esta frase lleva siglos resonando en el ser humano, mujer y hombre: conócete a ti mismo? ¿Realmente sabemos quién es el ser humano? Las anteriores preguntas no tienen nada de extraordinario y si mucho de común, pero precisamente en la cotidianidad y el sentido de lo común está la clave de lo complejo de ser humano. En la educación es fundamental definir el concepto o idea de ser humano pues de ello depende el cómo para educarlo. En el currículum defines el perfil de egreso y con base en ello planteas el camino o trayecto a recorrer asegurando alcanzar con ello dicho perfil. En la actual reforma constitucional del artículo 3° quedan intactos los conceptos tales como: “mejor convivencia humana”, “dignidad de la persona”, “integridad de la familia”, “la convicción del interés general de la sociedad”, “ideales de fraternidad e igualdad de derechos”, que orientan, de algún modo, cómo quiere que viva el mexicano y mexicana de hoy, cómo quiere que se relacione y alcance la realización individual y colectiva.
La definición de quién somos no es nada sencilla, a lo largo de los siglos ha habido diferentes respuestas, y las últimas contienen una visión holística, integradora e incluso hasta confusa.
El ser humano es proceso, camino, construcción, crecimiento, corporeidad, inteligencia, emocionalidad, historia y contexto. Nos vamos formando mediatizados por el mundo (Freire), es decir, somos en relación a lo externo, el ambiente, el lugar, a las personas con las que interactuamos y el tiempo cultural en el que nos movemos, no sin olvidar la interiorización, la exploración de lo que somos a través de la conciencia y autocrítica.
Somos complicación en el camino; entiendo esa complejidad porque la dicotomía está presente, la dialéctica está en la epidermis, es decir, somos contrariedad y diversidad. Algunos opuestos que nos definen: bien y mal, pasión y acción, oscuridad y luz, amor y desamor, esperanza y desolación, comunidad e individualidad, alegría y tristeza, compañía y soledad, el bien personal y bien común. La diversidad está en hombre y mujer, amigos y familia, mi comunidad y mi nación, la rapidez y lo audaz, lo crítico y lo creativo, el aprendizaje y el error, el éxito y fracaso. Estos y muchos conceptos más nos atañen y nos moldean; podríamos pensar más en la medida en que nuestros conocimientos se multiplican en un contenedor llamado lenguaje.
Si analizamos estas ideas, estos opuesto y esta diversidad, entenderemos que no podemos esperar seres humanos perfectos, que se hacen y no se tocan, que si se rompe se reconstruye hasta que quede igual, o como diría Latapí, “el concepto de calidad…hoy se emplea con una carga productivista que cosifica al alumno y sus aprendizajes…la actual doctrina de la excelencia ha entronizado un ideal de perfección que reduce las posibilidades humanas…La perfección no es humana. Somos esencialmente vulnerables, y el que no lo crea es porque está ya vulnerado”. Cuando pensamos en ser algo más, en alcanzar la excelencia, es porque volvemos sobre una idea predeterminada y que nos aprisiona a la cual seguimos aspirando hasta la eternidad. ¡NO! Somos más que eso, somos posibilidad, somos asombro, somos temor, somos belleza, somos diálogo, somos proposición, somos proximidad con otros humanos que también están en búsqueda, somos intenciones que nos tocan y tienen el poder de transformarnos (siempre y cuando entendamos que la finalidad de todas nuestras intenciones y acciones son personas, sea uno mismo o el otro).
Si todo esto somos, surgen más preguntas ¿cómo formar o educar eso que somos? ¿Qué método educativo tenemos que seguir para que ahora sí obtengamos resultados permanentes, que dejen huella y que sean para el resto de nuestras vidas? En el supuesto de que eso somos, tres acciones educativas no deben faltar en cualquier interacción educador-educando que pretenda dejar huella: tener mayor conciencia de eso que somos, impulsar las posibilidades y talentos, y desarrollar eso que somos con nuestra inteligencia y emocionalidad. Me explico en este último. Tenemos una estructura interna: intelectual y emocional con la que nos acercamos al mundo, lo entendemos y si nos va bien, llegamos a transformarlo. El primer paso es atender a todos los datos que entran a través de nuestros sentidos y se recrean en nuestra imaginación; segundo, entender la relación que guardan todos los datos que logremos acoger; tercero, comprobar que aquello que entendimos es cierto mediante la argumentación, para llegar a un cuarto paso, decidir pensando en el bien que hacemos con dichas decisiones y acciones, es decir, orientar nuestros sentimientos para querer el crecimiento del otro (sea hijo, pareja, amigo, familia). La herramienta que tenemos al alcance es la pregunta, aquella pregunta que activa el pensamiento y mueve las pasiones y sentimientos, si no hay pregunta, no hay crecimiento.
Eso que somos, nos define, diferencia y nos pone en equidad con los otros, todo al mismo tiempo. Ejercitemos nuestro intelecto y emocionalidad para conocernos, conocer a otros y mejorar lo que somos.

Ignacio Solano Rodríguez
Rector de la Universidad Leonardo Da Vinci
jisolanor@hotmail.com
@ignaciosolano1

Educación para Morena, güera, mulata y otras.

En una entrevista que Carmen Aristegui le hace a Andrés Manuel López Obrador después de que nombran a Martí Batres como Presidente del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), le pregunta si no resulta contradictorio estar criticando y reprochando a los partidos y que conviertan a dicho movimiento social en una partido más,  que a mi parecer, pueda aumentar las filas demagógicas de un ámbito político discursivo y poco eficaz.

La respuesta es obvia, ¡será un partido diferente!, sin embargo con pocos elementos para convencer y argumentar la presencia de otro partido más en nuestro sistema político mexicano. Si un partido quiere renovarse, si un movimiento social quiere impactar y transformar de fondo, debe dar paso a liderazgos nuevos con el respaldo de los antiguos, y sobre todo, en un mundo político rampante, astuto, empantanado, ligero en sus resultados y pesado en sus promesas, un nuevo partido debe gozar de transparencia, argumentación y estrategias ciudadanas bien cimentadas.

 Morena tiene características definidas: es un movimiento de las clases populares, de la gente, del hartazgo social y segundo, con el reto enorme de que los liderazgos visibles den paso a liderazgos nuevos, fuertes, invisibles  y que no tengan otra salida que irse construyendo desde la reflexión y la realidad. Ciudadanos debemos voltear la tortilla: no son los seguidores que dependen de los partidos, son  los partidos quienes dependen de la participación analítica, propositiva  y exigente de los ciudadanos.

Me pareció muy significativo el crecimiento de MORENA por toda la república, sin embargo pienso que siguen mandando a la batalla con tenedores, me explico, es un gran avance el impacto social y arrastre que tiene este movimiento, digno de un estudio sociológico y cultural, sin embargo retrocede pues enfrenta una realidad política con herramientas inútiles y repetitivas: poner a la cabeza a un político que renuncia a un partido que él fundó, que ha pasado por varios puestos públicos y que puede encerrarlo en la gran tentación de embriagarse de poder. Si vamos a luchar por un cambio y renovarnos profundamente, vayamos realmente cambiando las cosas: necesitamos un movimiento ciudadano que cambie de fondo las maneras de hacer política, romper con los esquemas establecidos dentro del ámbito político, que elimine las pleitesías al político y se dialogue para encontrar respuestas a preguntas cotidianas.

Nos urge una educación ciudadana, cívica o simplemente, ser competentes para la civilidad y el ejercicio de nuestros derechos políticos. Si hablamos de competencias cívicas podemos enlistar las siguientes: tomar decisiones conscientes, ser solidarios, alcanzar el bien común, establecer un diálogo que forme comunidad, decisiones éticas que promuevan el bien de las personas, tolerancia a la diversidad y un alto sentido de promover la justicia. Una educación que genere “las herramientas de mayor potencial transformador en aras del crecimiento económico, la inclusión social y el bienestar de los ciudadanos” (Bárcena, Alicia. 2011. Educación, desarrollo y ciudadanía en América Latina. Chile: CEPAL).  ¿Cómo educar para usar el poder al servicio del ser humano, para decidir siempre en la búsqueda del bien particular y del bien común? Esto tiene que ver con dos procesos importantes a desarrollar en los educandos dentro del ámbito que llamamos educación para la vida: la inteligencia, entendida como ese proceso donde nuestros sentidos y percepciones están vinculados a una secuencia sólida con el análisis, la reflexión, la relación, comparación y comprobación de los conceptos o situaciones; la emocionalidad, entendida  como aquellos sentimientos y valores que se van impregnando en nuestro corazón y que son determinantes al momento de tomar decisiones y seguir conductas altamente racionales y éticas. El reto no sólo es cobertura, sino una educación de calidad que incluya las capacidades para adaptarse a un mundo globalizado, económico y eminentemente político.

 

Mtro. Ignacio Solano. Rector de UNILEVI

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Desigualdad económica y educación

Desigualdad económica y educación.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) presentó este 27 de noviembre su informe sobre el Panorama Social de América Latina. Destaca algunos elementos grises que nos pueden mover a la acción o nos pueden hacer descansar en la quietud de la desesperanza.

 

En el entendido de que una persona se considera pobre cuando el ingreso por habitante de su hogar no es suficiente para satisfacer sus necesidades esenciales, estas necesidades se determinan de acuerdo al valor de una canasta con bienes alimentarios, bienes no alimentarios y servicios básicos. Y extrema pobreza o indigencia, sólo cuenta para cubrir las necesidades básicas de alimentación.

Hoy en día, aproximadamente tres de cada diez latinoamericanos viven en la pobreza y uno de cada diez vive en la indigencia. Sabemos que de 1990 al 2012 ha disminuido de forma pausada pero constante, sin embargo los países de América Latina siguen expresando un alto nivel de concentración de la riqueza, es decir, que el dinero está en unas cuantas manos y muchos tienen pocos recursos económicos; para ilustrarlo en números, el 40% de la población con ingresos más bajos capta el 15% total del ingreso, mientras que el 10% de la población con ingresos más altos posee un tercio del ingreso total, 33%. Tehuacán padece un alto porcentaje de pobreza que está, aproximadamente, en un 50%, lo que implica puntualizar en las estrategias que disminuyan las condiciones precarias y difíciles que viven diversas zonas de riesgo o colonias de la periferia.

Para la CEPAL uno de los retos sigue siendo la superación de la pobreza y la reducción de las brechas de desigualdad, tales brechas se dan en múltiples ámbitos como logros educacionales (escolaridad en un país o un estado, en el caso de Puebla estamos con índice de escolaridad de segundo años de secundaria) inserción social, acceso a la protección social (salud, educación y alimentación) y procesos de inclusión y tolerancia a la diversidad y pluralidad. Las preguntas son variadas: ¿qué tipo de educación necesitamos para acortar la brecha de desigualdad económica? ¿Qué políticas públicas deben establecerse, de tal manera que perdure el impacto social y sean eficaces en sus resultados? ¿Los diferentes sectores de la sociedad hasta donde están dispuestos a generar los acuerdos y alianzas necesarias para atacar el problema desde los diferentes ámbitos?

Este informe y esfuerzo internacional no tendría sentido si no hacemos posible que, desde lo micro-sociedad, se den pequeñas o grandes transformaciones. La educación sigue siendo el detonante para mejorar las condiciones. Si queremos que trabajadores obtengan mejores salarios y sean competitivos y productivos, solamente será posible a través de personas con alto rendimiento, es decir, que manejen los conocimientos de su área o especialización, que tengan las habilidades resolutivas y de adaptación para enfrentar los retos que se presentan en la vida cotidiana y una sólida formación ética que oriente la conducta para consigo mismo y para con los que le rodean. Esta integración de saberes (aprender a aprender, aprender a ser, aprender a hacer y aprender a convivir) deben impulsar la generación de recursos económicos a corto, mediano y largo plazo.

Dos son los mecanismos para impulsar el desarrollo: tener fe en los procesos integrales de educación de las personas y segundo, las alianzas con los diferentes sectores de la sociedad para paliar los índices de pobreza, desigualdad y rezago. Estas alianzas deben ser eficaces y eficientes, desde el empresario que le apueste a la actualización, pasando por las autoridades civiles que fomenten, con el ejemplo y con programas sociales, una ciudadanía rica en infraestructura así como en el fortalecimiento de los valores cívicos tales como la información, la criticidad, la participación y la proposición, desde luego, con una responsabilidad ciudadana que permita identificar los caminos a seguir, las cuestiones a corregir y los caminos a recorrer.

 Mtro. Ignacio Solano. Rector de la UNILEVI. Twiter: @ignaciosolano1

Nuevos líderes, viejas prácticas, cambios urgentes.

 “Por la educación al servicio del pueblo” es el lema del SNTE, institución que, de acuerdo con el llamado presidencial de Ávila Camacho, realizó el Congreso de Unificación Magisterial, inaugurado el 24 de diciembre de 1943. Dicho sindicato resultó de la unificación de varios grupos: Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza de la República Mexicana, el Sindicato Nacional Autónomo de Trabajadores de la Educación, el Frente Revolucionario Mexicano de Maestros, el Sindicato Mexicano de Maestros y Trabajadores de la Enseñanza y el Sindicato único Nacional de Trabajadores de la Enseñanza. Ante esto, el entonces Secretario de Educación, Jaime Torres Bodet, pronunció un discurso digno de recordar: “Si hemos de hacer de la educación un baluarte inexpulgable del espíritu de México, habremos de comenzar por eliminar la agitación malsana de sus recintos. Los derechos que habéis logrado son garantía que ninguna autoridad comprensiva intentará desarticular jamás. Lo que importa es que estas garantías no se conviertan ni en un escudo para la inercia, ni en una protección para el ocio, ni en trampolines de asalto para eventuales demoledores”.

Este anterior recordatorio debe fortalecer nuestro criterio sobre la importancia del Sindicato para el desarrollo educativo de nuestro país. Recientemente se cambiaron los líderes sindicales de las secciones 23 y 51 del SNTE para que estos, bajo la tutela del Comité Ejecutivo Nacional del SNTE, guíen las principales demandas, necesidades e intenciones de los trabajadores de la educación. La trayectoria de este importante sindicato ha tenido una fuerte tensión entre conseguir los recursos necesarios para cumplir con la misión de educar y responder a las necesidades políticas de sus líderes. El SNTE ha estado ligado en los últimos años a los partidos en el poder,  a la creación de un partido que representa un brazo magisterial, y otras demandas circunstanciales, sin embargo esto ha hecho que la vocación docente se vea mermada o que tenga un rumbo que lleva a nuestro sistema educativo a una mezcla difícil de sobrellevar: intereses políticos y la calidad educativa. Un ejemplo reciente de ello es la aprobación de la reforma laboral por la cámara de diputados, dentro de la cual  no viene con mucha claridad el asunto de la transparencia sindical, si bien es cierto que dentro de la normatividad está la autonomía sindical, sigue siendo del interés público la información del manejo de los recursos, de las funciones de todos los docentes y las comisiones que tienen asignadas.

¿Por qué tenemos que estar enterados los mexicanos de lo que sucede al interior del SNTE? ¿Qué importancia tiene el SNTE con la ciudadanía común y corriente? Sencillamente porque el papel de los docentes es de vital importancia para la formación de personas que impulsan día a día el desarrollo económico y social de un país, por que quienes conviven una buena parte del día con los alumnos son los docentes y el impacto o huella de dejan en ellos trasciende en el tiempo y en las personas. Urge que devolvamos el valor e imagen de la vocación de servicio del maestro. Necesitamos tener docentes que tengan una calidad de vida digna, con salarios bien remunerados y las prestaciones necesarias, incluida las de su capacitación, para que formemos a las futuras generaciones con las herramientas indispensables para enfrentar la vida: responsabilidad, solidaridad, creatividad, criticidad, resolución de problemas y toma de decisiones con base en valores. Para ello el trabajo es de todos, la exigencia es entre todos y en todos los sentidos: ciudadanía a maestros, maestros a autoridades, alumnos a maestros, maestros a padres de familia, etcétera. Que los recursos que el SNTE y la SEP manejan, los destinen con mayor énfasis en la formación y actualización docente, así nos beneficiaríamos todos: mejores maestros mejores ciudadanos.

Hace 69 años las diferentes fuerzas magisteriales fueron convocados a integrarse en un solo sindicato para que la educación fuera ese tesoro preciado que México tenía que  aprovechar, hoy vuelve a hacerse necesario, en la escena nacional y mundial, la unificación de interés por un verdadero cambio educativo que incluya: calidad de vida y formación docente, práctica docente humanista y científica, políticas educativas justas y pensadas para el bien común.

¡En lo cierto, la unidad, en lo distinto, la libertad, pero en todo, pasión, compromiso y amor por el bien del educando!

Mtro. Ignacio Solano Rodríguez

Rector de la Universidad Leonardo Da Vinci

jisolanor71@hotmail.com

twiter: @ignaciosolano1

Semilleros de asombros y conocimientos útiles

“En México, el sistema educativo no ha generado cultura científica en las nuevas generaciones,… el país necesita hacer un esfuerzo serio para que la educación, en todos sus niveles, arme vocaciones científicas que contribuyan a que se formen nuevos investigadores que produzcan conocimiento”.

Muñoz  García, catedrático de la UNAM, asevera lo anterior por los antecedentes históricos de la inversión precaria a la investigación en México. Si lo anterior es preocupante,  señalar lo medular es todavía mayor.  Considero que lo alarmante es no tener sentadas las bases educativas para aplicar un modelo pedagógico que sea permanente y efectivo en la formación de las habilidades científicas que necesitan nuestras futuras generaciones.

 

Generar procesos formativos que aumente la cultura, y en específico, el conocimiento científico, implica tiempo y visión. Tiempo que inicie, arrastre y siembre desde las etapas tempranas del desarrollo de toda persona. Esto requiere que las acciones educativas sean sistemáticas y vinculadas entre los diferentes niveles educativos: educación inicial, educación básica, educación media superior y superior, es decir, que bajo un programa de formación, en la investigación y el método científico, alumnos, desde prescolar hasta universidad, adquieran el asombro por lo nuevo, asuman el camino innovador de generar nuevos conocimientos y sobre todo, que consoliden una formación que les permita impactar en su entorno, ya sea a través del ensayo y error o de la simple imaginación.

¿Qué tipo de esfuerzos necesitamos para formar personas con vocación científica? Las principales vías para llegar a ello son dos: primero, las interacciones humanas en el ambiente familiar y escolar, y segundo, las políticas públicas de quienes rigen el curso de la sociedad. Solo en la familia se alienta, se detiene o se atrasa el crecimiento en la seguridad, en la búsqueda y en la creatividad. Un hijo que está estimulado para que busque la respuesta o genere la pregunta, estará acostumbrado a avanzar para aprender y no esperar para recibir. Es en el seno de la familia –como sea que esté compuesta- donde la persona tiene su primer encuentro con el asombro y la invención. Para mantenerlo y acrecentarlo, se buscará una escuela que en su método, en su esencia y en su visión tenga la investigación como herramienta, la creatividad como norma y el cuestionamiento como medio de crecimiento humano. Si tenemos una educación científica en lo micro, necesitamos en lo macro incentivar la investigación. Las políticas educativas para ello tienen que ser creativas, abrumadoras y rápidas pues no tenemos mucho tiempo, más bien, estamos muy atrasados. Parafraseando a Alfonso Reyes, hemos llegado tarde al banquete intelectual e innovador en la esfera mundial de avance tecnológico y científico.

Conocimiento ¿para qué y para quién? Desde luego que es fundamental llegar al conocimiento, pero también es necesario saber para qué lo usaré y el bien de quien iré buscando con aquello que he descubierto. La finalidad ética del conocimiento es pertinente en un mundo en el que rápidamente se está cambiando y se está innovando. La brújula de nuestra cientificidad es el bien humano, el propio o el del otro. Si enseñamos a buscar para el bien de alguien, nos encontraremos con una sociedad más humana y más solidaria, elementos indispensables para conservar la especie y la esperanza.

Ignacio Solano Rodríguez

Rector, Universidad Leonardo Da Vinci

jisolanor71@hotmail.com

¡Bendita adolescencia!

No te rechazo, te entiendo; no hay prejuicios, hay oportunidades y talentos que apoyar.

Por el simple hecho de ser parte del desarrollo de todo ser humano, la adolescencia es un oportunidad no un padecimiento. Difícil de verlo así cuando tu y yo pasamos por esta etapa y culturalmente nos han dicho que es dolor, cambio, incomprensión, rebeldía, berrinche, levedad insoportable, encapsulamiento complicado. En fin, como padre y maestro mi experiencia es dialéctica, opuesta entre lo que me heredaron y lo que no quiero para mi adolescente.

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No había pasado tanto tiempo mi hijo lejos de casa. Crece mi amor y cariño, mi corazón se asienta, no por la ausencia, sino porque este tiempo de ausencia se hizo presencia todo lo excelente que es como ser humano, como hermano y como hijo. Tuve consciencia de lo sensible y cariñosos que es, lo  inteligente y solidario, lo sencillo y humilde que su condición y edad le propician. Es un adolescente como cualquiera que si vemos sus talentos, si conocemos sus aspiraciones y el diálogo que tengamos parte de él, de lo que piensa y siente, lograremos dar, reforzar o mejorar la confianza en sí mismo.

Se acerca el inicio de un nuevo ciclo escolar, que la ausencia de los adolescente en el aula sea un motivo para valorar lo que son y lo que podemos hacer crecer en ellos y desde ellos.

Si la edad que representa un adolescente (entre los 12 y 15 años), a ellos le tocaron tiempos cruciales, un nuevo milenio, cambios geopolíticos y culturales, tecnológicos y científicos. Hoy tenemos el reto de promover lo que son: listos para comunicarse vía digital, listos para comprender y exigir a una generación que deja un mundo en crisis ética y por ende económica. Son adolescentes que viven el rompimiento de esquemas en la familia, en las autoridades, en la escuela y que pueden ser los primeros que quieran hacer las cosas de manera diferente y mejor. Bienvenidos adolescentes de mi corazón.

¡Me ayudas con el Sapo, papá!

En una tarea divertida y sin una hora específica para convivir, mi hija y yo, nos pusimos a colorear a las 6:10 am, con intensa alegría de haber encontrado los colores perdidos entre libros y juguetes.

Quiero que pintes conmigo el Sapo.

¿y por qué de rojo? – porque así yo quiero.

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Educar a una hija o hijo, alumno o alumna, requiere actitudes, conocimientos y habilidades, pero sobre todo tener claro el bien que les queremos hacer, es decir, la felicidad que les queremos propiciar.

Educar tiene que ver con las habilidades que queremos que tengan para resolver cualquier problema, desde cómo pintar, qué color elegir, que piensen el gusto y la alegría que les produce pintar. El acompañamiento es sencillo: realmente ponerles atención en esa breve interacción con una pregunta que parta de ellos.

Los conocimientos son importantes, son pretexto, son el medio para llegar al fin: que puedan aplicarlos, reciclarlos y crear con ellos.

Si rematamos los conocimientos y habilidades con una carga fuerte de buenas actitudes al interactuar con nuestros hijos, integraremos el desarrollo de lo que son: Inteligencia y emoción. Una buena actitud es una emoción consciente que busca hacerle un bien a la otra persona. Así la responsabilidad, el apoyo, la solidaridad implican tener claro el para qué y el sentimiento hacia la persona.

Humanizar la educación es educar conscientemente al humano concreto que está a nuestro lado, con el que quisimos comprometernos para alcanzar y construir desde él, su bienestar.