Nuevos líderes, viejas prácticas, cambios urgentes.

 “Por la educación al servicio del pueblo” es el lema del SNTE, institución que, de acuerdo con el llamado presidencial de Ávila Camacho, realizó el Congreso de Unificación Magisterial, inaugurado el 24 de diciembre de 1943. Dicho sindicato resultó de la unificación de varios grupos: Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza de la República Mexicana, el Sindicato Nacional Autónomo de Trabajadores de la Educación, el Frente Revolucionario Mexicano de Maestros, el Sindicato Mexicano de Maestros y Trabajadores de la Enseñanza y el Sindicato único Nacional de Trabajadores de la Enseñanza. Ante esto, el entonces Secretario de Educación, Jaime Torres Bodet, pronunció un discurso digno de recordar: “Si hemos de hacer de la educación un baluarte inexpulgable del espíritu de México, habremos de comenzar por eliminar la agitación malsana de sus recintos. Los derechos que habéis logrado son garantía que ninguna autoridad comprensiva intentará desarticular jamás. Lo que importa es que estas garantías no se conviertan ni en un escudo para la inercia, ni en una protección para el ocio, ni en trampolines de asalto para eventuales demoledores”.

Este anterior recordatorio debe fortalecer nuestro criterio sobre la importancia del Sindicato para el desarrollo educativo de nuestro país. Recientemente se cambiaron los líderes sindicales de las secciones 23 y 51 del SNTE para que estos, bajo la tutela del Comité Ejecutivo Nacional del SNTE, guíen las principales demandas, necesidades e intenciones de los trabajadores de la educación. La trayectoria de este importante sindicato ha tenido una fuerte tensión entre conseguir los recursos necesarios para cumplir con la misión de educar y responder a las necesidades políticas de sus líderes. El SNTE ha estado ligado en los últimos años a los partidos en el poder,  a la creación de un partido que representa un brazo magisterial, y otras demandas circunstanciales, sin embargo esto ha hecho que la vocación docente se vea mermada o que tenga un rumbo que lleva a nuestro sistema educativo a una mezcla difícil de sobrellevar: intereses políticos y la calidad educativa. Un ejemplo reciente de ello es la aprobación de la reforma laboral por la cámara de diputados, dentro de la cual  no viene con mucha claridad el asunto de la transparencia sindical, si bien es cierto que dentro de la normatividad está la autonomía sindical, sigue siendo del interés público la información del manejo de los recursos, de las funciones de todos los docentes y las comisiones que tienen asignadas.

¿Por qué tenemos que estar enterados los mexicanos de lo que sucede al interior del SNTE? ¿Qué importancia tiene el SNTE con la ciudadanía común y corriente? Sencillamente porque el papel de los docentes es de vital importancia para la formación de personas que impulsan día a día el desarrollo económico y social de un país, por que quienes conviven una buena parte del día con los alumnos son los docentes y el impacto o huella de dejan en ellos trasciende en el tiempo y en las personas. Urge que devolvamos el valor e imagen de la vocación de servicio del maestro. Necesitamos tener docentes que tengan una calidad de vida digna, con salarios bien remunerados y las prestaciones necesarias, incluida las de su capacitación, para que formemos a las futuras generaciones con las herramientas indispensables para enfrentar la vida: responsabilidad, solidaridad, creatividad, criticidad, resolución de problemas y toma de decisiones con base en valores. Para ello el trabajo es de todos, la exigencia es entre todos y en todos los sentidos: ciudadanía a maestros, maestros a autoridades, alumnos a maestros, maestros a padres de familia, etcétera. Que los recursos que el SNTE y la SEP manejan, los destinen con mayor énfasis en la formación y actualización docente, así nos beneficiaríamos todos: mejores maestros mejores ciudadanos.

Hace 69 años las diferentes fuerzas magisteriales fueron convocados a integrarse en un solo sindicato para que la educación fuera ese tesoro preciado que México tenía que  aprovechar, hoy vuelve a hacerse necesario, en la escena nacional y mundial, la unificación de interés por un verdadero cambio educativo que incluya: calidad de vida y formación docente, práctica docente humanista y científica, políticas educativas justas y pensadas para el bien común.

¡En lo cierto, la unidad, en lo distinto, la libertad, pero en todo, pasión, compromiso y amor por el bien del educando!

Mtro. Ignacio Solano Rodríguez

Rector de la Universidad Leonardo Da Vinci

jisolanor71@hotmail.com

twiter: @ignaciosolano1

Semilleros de asombros y conocimientos útiles

“En México, el sistema educativo no ha generado cultura científica en las nuevas generaciones,… el país necesita hacer un esfuerzo serio para que la educación, en todos sus niveles, arme vocaciones científicas que contribuyan a que se formen nuevos investigadores que produzcan conocimiento”.

Muñoz  García, catedrático de la UNAM, asevera lo anterior por los antecedentes históricos de la inversión precaria a la investigación en México. Si lo anterior es preocupante,  señalar lo medular es todavía mayor.  Considero que lo alarmante es no tener sentadas las bases educativas para aplicar un modelo pedagógico que sea permanente y efectivo en la formación de las habilidades científicas que necesitan nuestras futuras generaciones.

 

Generar procesos formativos que aumente la cultura, y en específico, el conocimiento científico, implica tiempo y visión. Tiempo que inicie, arrastre y siembre desde las etapas tempranas del desarrollo de toda persona. Esto requiere que las acciones educativas sean sistemáticas y vinculadas entre los diferentes niveles educativos: educación inicial, educación básica, educación media superior y superior, es decir, que bajo un programa de formación, en la investigación y el método científico, alumnos, desde prescolar hasta universidad, adquieran el asombro por lo nuevo, asuman el camino innovador de generar nuevos conocimientos y sobre todo, que consoliden una formación que les permita impactar en su entorno, ya sea a través del ensayo y error o de la simple imaginación.

¿Qué tipo de esfuerzos necesitamos para formar personas con vocación científica? Las principales vías para llegar a ello son dos: primero, las interacciones humanas en el ambiente familiar y escolar, y segundo, las políticas públicas de quienes rigen el curso de la sociedad. Solo en la familia se alienta, se detiene o se atrasa el crecimiento en la seguridad, en la búsqueda y en la creatividad. Un hijo que está estimulado para que busque la respuesta o genere la pregunta, estará acostumbrado a avanzar para aprender y no esperar para recibir. Es en el seno de la familia –como sea que esté compuesta- donde la persona tiene su primer encuentro con el asombro y la invención. Para mantenerlo y acrecentarlo, se buscará una escuela que en su método, en su esencia y en su visión tenga la investigación como herramienta, la creatividad como norma y el cuestionamiento como medio de crecimiento humano. Si tenemos una educación científica en lo micro, necesitamos en lo macro incentivar la investigación. Las políticas educativas para ello tienen que ser creativas, abrumadoras y rápidas pues no tenemos mucho tiempo, más bien, estamos muy atrasados. Parafraseando a Alfonso Reyes, hemos llegado tarde al banquete intelectual e innovador en la esfera mundial de avance tecnológico y científico.

Conocimiento ¿para qué y para quién? Desde luego que es fundamental llegar al conocimiento, pero también es necesario saber para qué lo usaré y el bien de quien iré buscando con aquello que he descubierto. La finalidad ética del conocimiento es pertinente en un mundo en el que rápidamente se está cambiando y se está innovando. La brújula de nuestra cientificidad es el bien humano, el propio o el del otro. Si enseñamos a buscar para el bien de alguien, nos encontraremos con una sociedad más humana y más solidaria, elementos indispensables para conservar la especie y la esperanza.

Ignacio Solano Rodríguez

Rector, Universidad Leonardo Da Vinci

jisolanor71@hotmail.com

¡Bendita adolescencia!

No te rechazo, te entiendo; no hay prejuicios, hay oportunidades y talentos que apoyar.

Por el simple hecho de ser parte del desarrollo de todo ser humano, la adolescencia es un oportunidad no un padecimiento. Difícil de verlo así cuando tu y yo pasamos por esta etapa y culturalmente nos han dicho que es dolor, cambio, incomprensión, rebeldía, berrinche, levedad insoportable, encapsulamiento complicado. En fin, como padre y maestro mi experiencia es dialéctica, opuesta entre lo que me heredaron y lo que no quiero para mi adolescente.

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No había pasado tanto tiempo mi hijo lejos de casa. Crece mi amor y cariño, mi corazón se asienta, no por la ausencia, sino porque este tiempo de ausencia se hizo presencia todo lo excelente que es como ser humano, como hermano y como hijo. Tuve consciencia de lo sensible y cariñosos que es, lo  inteligente y solidario, lo sencillo y humilde que su condición y edad le propician. Es un adolescente como cualquiera que si vemos sus talentos, si conocemos sus aspiraciones y el diálogo que tengamos parte de él, de lo que piensa y siente, lograremos dar, reforzar o mejorar la confianza en sí mismo.

Se acerca el inicio de un nuevo ciclo escolar, que la ausencia de los adolescente en el aula sea un motivo para valorar lo que son y lo que podemos hacer crecer en ellos y desde ellos.

Si la edad que representa un adolescente (entre los 12 y 15 años), a ellos le tocaron tiempos cruciales, un nuevo milenio, cambios geopolíticos y culturales, tecnológicos y científicos. Hoy tenemos el reto de promover lo que son: listos para comunicarse vía digital, listos para comprender y exigir a una generación que deja un mundo en crisis ética y por ende económica. Son adolescentes que viven el rompimiento de esquemas en la familia, en las autoridades, en la escuela y que pueden ser los primeros que quieran hacer las cosas de manera diferente y mejor. Bienvenidos adolescentes de mi corazón.

¡Me ayudas con el Sapo, papá!

En una tarea divertida y sin una hora específica para convivir, mi hija y yo, nos pusimos a colorear a las 6:10 am, con intensa alegría de haber encontrado los colores perdidos entre libros y juguetes.

Quiero que pintes conmigo el Sapo.

¿y por qué de rojo? – porque así yo quiero.

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Educar a una hija o hijo, alumno o alumna, requiere actitudes, conocimientos y habilidades, pero sobre todo tener claro el bien que les queremos hacer, es decir, la felicidad que les queremos propiciar.

Educar tiene que ver con las habilidades que queremos que tengan para resolver cualquier problema, desde cómo pintar, qué color elegir, que piensen el gusto y la alegría que les produce pintar. El acompañamiento es sencillo: realmente ponerles atención en esa breve interacción con una pregunta que parta de ellos.

Los conocimientos son importantes, son pretexto, son el medio para llegar al fin: que puedan aplicarlos, reciclarlos y crear con ellos.

Si rematamos los conocimientos y habilidades con una carga fuerte de buenas actitudes al interactuar con nuestros hijos, integraremos el desarrollo de lo que son: Inteligencia y emoción. Una buena actitud es una emoción consciente que busca hacerle un bien a la otra persona. Así la responsabilidad, el apoyo, la solidaridad implican tener claro el para qué y el sentimiento hacia la persona.

Humanizar la educación es educar conscientemente al humano concreto que está a nuestro lado, con el que quisimos comprometernos para alcanzar y construir desde él, su bienestar.

Tercera Conferencia Magistral, Dra. Frida Díaz

Conferencia Magistral Dra. Frida Díaz Barriga La fuerza de su palabra y el compromiso de sus experiencias cubriéron las expectativas que se esperaban de ella.

Atinadamente reveló y explicó la propuesta de la enseñanza situada como un referente para nuestra práctica educativa.

Esperamos sus comentarios y quedamos a sus órdenes. Dénle click a “Conferencia Magistral…”