¿Tendrá éxito la nueva reforma educativa 2019?

No es difícil predecir el éxito de una reforma cuando no hay continuidad, cuando los cambios son superficiales, cuando obedecen a interésese políticos, cuando de por medio está la lógica de la conveniencia populista y no la razón de la oportunidad por mejorar los procesos educativos de las nuevas generaciones.

Ya lo decía el título del libro coordinado por Guevera Niebla, “La catástrofe silenciosa”, donde la educación en nuestro país sigue derrumbándose debido a las políticas educativas que han dado resultados alarmantes, rezagos educativos, indicadores pobres, donde pocos dicen todo, y todos dicen poco.

escuelas1Es sabido por todos que el papel del docentes es primordial, sin embargo, poco se ha hecho para que se reconozca todo. Ejemplo de ellos fue Carrera Magisterial. ¿Realmente benefició a los docentes para que pudieran sentirse reconocidos y mejor pagados, y así   hacer su tarea de manera extraordinaria?. El papel del sindicato acotado, antidemocrático y dispuesto al servicio de unos cuantos, minó, disminuyó y no dejó crecer ésta política educativa que iba a actualizar el quehacer educativo de las maestras y maestros.

Hoy estamos a la espera de conocer los miembros del comité para la mejora de la educación, pero una cosa es cierta, el proceso de selección no tiene la claridad ni la eficiencia para seleccionar a los más idóneos. A fin de cuentas es una selección hecha por legisladores poco ilustrados en el ámbito educativo, incapaces de tener la visión educativa para hacer que este cambio propuesto por el actual secretario de educación funcione.

La mencionada reforma tiene un acierto, es momento de valorar y reconocer la función docente por las autoridades educativas, por los padres de familia, por los mismos estudiantes y por la sociedad en general. Existe una experiencia chilena llamada Elige Educar, donde se han propuesto, con estrategias medibles, devolverle el valor que debe tener el profesor en la sociedad, en la escuela y en las familias. Dos acciones comento, las cuales tienen un toque de sensibilidad humanista digno de seguir: Los mejores estudiantes de educación media superior también deben estudiar pedagogía, educación o para docente; y segundo, apoyar con posgrados de calidad a docentes que tengan el mérito y las características.

No podemos advertir el éxito total de una reforma cuando las intenciones y finalidades no están bien argumentabas y responde a intereses de imagen, de negociación y muy poco a un análisis y planeación conjunta por especialistas. Tomar en cuenta al docente no es levantar una encuesta a unos cuantos, es trabajar con los docentes mediante un involucramiento de dos años con investigaciones, mesas de diálogo, trabajo de seguimiento, donde se pongan las bases precisas del tipo de ser humano que queremos formar, del docente que se necesita para lograr dicho objetivo y las estrategias escolares que logren la articulación de los actores de la educación: docentes, autoridades educativas, familia y sociedad civil organizada.

La esperanza sigue en miles de maestros que están en el aula, en la dirección de una escuela, incluso en alguna supervisión escolar, y que nos sigue salvando. Esto apenas comienza, es un esfuerzo de construcción, de tiempo, de diálogo y de paciencia.

Ignacio Solano Rodríguez

Genera Educación

¿A quién beneficia realmente el Nuevo Modelo Educativo?

Ante los continuos cambios sociales, es obvio que necesitamos repensar el modelo educativo, la forma en qué estamos educando y el perfil de alumno que queremos formar para este país y sus grandes desafíos. Urgía una reforma educativa que tomara en cuenta el fondo y la forma, en este caso Enrique Peña Nieto empezó por la forma y después por el fondo, sin embargo las bases de dicho modelo educativo tienen sus bemoles, su incertidumbres, es decir, la intención real de dicho modelo dista mucho de alcanzar el fin último: el verdadero desarrollo de cada niño, joven, docente, directivo y padre de familia, actores todos de la gran esperanza llamada educación.

Cuando se han implementado reformas, cambios y proyectos educativos en los distintos Gobiernos de nuestro país, se han pensado y planeado de forma vertical, de arriba hacia abajo. Aun cuando se realizaron las consultas correspondientes, los Foros de consulta en las distintas regiones del país, y un equipo de especialistas (CIDE) se hicieran cargo de sistematizar las diversas propuestas, el trabajo de formulación, argumentación y construcción de un Modelo Educativo debió haberse hecho con  docentes, directivos, supervisores, jefes de sector, investigadores de la educación y especialistas en historia de la educación en México, para que tuviera el mayor toque de realismo, capaz de analizar  las problemáticas, necesidades y retos del campo de batalla, de la micro educación, de lo que está pasando en el aula.

El intento de revolucionar la educación ha estado presente en varios momentos de la historia de México, pocos con éxito y de alto impacto. Fernando Solana en el libro, “La SEP por dentro” (2004), de Pablo Latapí Sarre, afirma y desnuda con claridad que “los presidentes de México no han tenido una visión de la educación dentro de un proyecto nacional, como instrumento para construir una sociedad y un país (sólo la  tuvieron Álvaro Obregón con José  Vasconcelos y, en cierta forma, Adolfo López Mateos por influencia de Jaime Torres Bodet)”.  En el mismo libro, Latapí Sarre puntualiza que Manuel Bartlett intentó sin éxito llevar a cabo la descentralización de la educación básica e implementar una reforma educativa, la cual incluía un Modelo Operativo, que nunca obtuvo la aprobación del magisterio. Esta difícil tarea le costó su lugar en la silla de Vasconcelos. Parece, hasta ahora, que una gran parte del magisterio ha aceptado dicho modelo como signo de aprobación, más no lo ha revisado, valorado ni hecho propio, este es uno de los grandes desafíos ¿le dará tiempo en este corto espacio de gobierno que queda, tener la aprobación real de los educadores de este país?.

Un ejemplo claro de operación política lo dio Zedillo en los 20 meses que ocupó el cargo de Secretario de Educación Pública. Entró en enero de 1992 y para el 18 de mayo del mismo año, ya estaba firmado el Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica, tanto por la SEP, por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y  los gobiernos estatales. Los cambios educativos que este tiempo representó, también tienen sus cuestionables resultados y que hoy se han ido renovando: Carrera Magisterial, programas y libros de texto y la Ley General de Educación; ello nos indica que las mejoras sustanciales en la formación de los ciudadanos no han sido exitosas, y al pasar de las décadas tenemos resultados educativos que nos cuestionan y exigen auténticos modelos y maneras de educar. El manejo político a esta Reforma Educativa, que incluye un nuevo Modelo Educativo, no es suficiente y tendrá resultados similares a propuestas del pasado. Una pregunta que pondrá a prueba el Modelo Educativo es ¿si el Gobierno que quede electo para el 2018, mantendrá dicho proyecto educativo?

El papel del docente en estos movimientos políticos y educativos, fue reconocido por las autoridades de la SEP y la misma Presidencia de la República, pero no por ello el problema está resuelto, tenemos que trabajar en un diálogo y compromiso mutuo entre autoridades educativas y docentes para hacer posible los planteamientos reformadores. Ernesto Meneses tenía claro que el principal problema, reto y aspecto que en la historia de la educación mexicana no se había trabajado, es la relación alumno – docente. De ella depende la aplicación de contenidos, infraestructura, libros de texto y demás herramientas externas, incluso de cualquier modelo pedagógico. En el documento saliente afirma que “…los docentes deben recibir apoyo en su formación para desarrollar las capacidades que el aprendizaje exige” (SEP, Modelo Educativo para la educación obligatoria, 2017), ¿Cuánto tiempo nos llevara hacer que cada docente tenga dichas capacidades para hacer posible que el alumno, con un contexto e historia determinada, aprenda a aprender, a ser crítico, a desarrollar habilidades socioemocionales, artísticas, a desarrollar lo que es y tiene? ¿Están contempladas estrategias de fondo, en el nuevo impulso a la formación docente inicial y continua?

El verdadero fin del Modelo Educativo implica la pregunta añeja: Educar ¿para qué?, y más aún, implica una filosofía Educativa, una revisión de los postulados educativos que respaldan el artículo tercero constitucional. Nos falta la transformación de sueños a necesidades educativas, de políticas educativas a procesos de aprendizajes humanizados y personalizados. El proceso educativo es complejo, tanto por lo humano como por lo histórico y su contexto, y ante ello, los resultados esperados con este Nuevo Modelo Educativo no tienen mucha certidumbre, sí orden e imagen. Esta propuesta gubernamental tiene varios temas que sortear: ¿El análisis, la aprobación y puesta en marcha de dicho documento por parte de docentes, directivos y padres de familia, así como de la sociedad civil organizada, tendrá los resultados esperados? No hay una estrategia y lineamientos claros para la formación del maestro, y menos un diagnóstico de las habilidades docentes, ¿cuál es la situación de docentes mexicanos con respecto a sus habilidades de enseñanza, de pensamiento crítico y de la habilidad para aprender a aprender? (necesaria esta información para enfocar las tareas de formación) ¿Bastará el tiempo que queda del sexenio para hacer que educadores nos apropiemos del Modelo?

Seguimos con nuestra clases expositivas, todavía muchos docentes tenemos la tendencia de educar como lo hicieron con nosotros y no para educar a partir del diálogo, del razonamiento y el libre pensamiento, de escuchar y reflexionar sobre lo que nuestros niños y jóvenes son, viven, piensan y sienten. Tenemos una realidad social e histórica en las aulas que nos compromete a cambiar de raíz nuestra práctica educativa, nuestra administración de los recursos públicos y reorientación constante de las políticas públicas; de no hacerlo, solo tendrá este Modelo Educativo un beneficio mediático y político para unos cuantos y no un impacto y huella para el bien de niños y jóvenes mexicanos de hoy y del futuro.

José Ignacio Solano Rodríguez

Evaluación para mejorar el aprendizaje

Evaluar es medir, valorar, investigar. Genera siempre complejidad pues se tiene que establecer un parámetro, un perfil, una referencia, y quién asegura que dicho parámetro es real, es el indicado. Sin embargo evaluar es necesario para corregir, para verificar los avances, para autoregular lo aprendido, para exponer las capacidades y habilidades.

Al principio resulta difícil comprender y aplicar esta concepción del aprendizaje pues estamos en un sistema que está en inicios de nuevas y mejores maneras de evaluar.

Encontré, en los textos de Frida Díza Barriga (2006) “Enseñanza situada: vínculo entre la escuela y la vida” y Sally Brown (2010) “Evaluar en la universidad. Problemas y nuevos enfoques”, caminos claros para comprender y aplicar mejor una evaluación. Ello requiere que como docentes o educadores en general, pongamos en el centro de nuestra práctica educativa el aprendizaje del alumno, es decir, tener claros los conocimientos, las habilidades y actitudes que queremos desarrollar en él por medio de nuestras actividades didácticas.

En el siguiente enlace  “Evaluar el aprendizaje” podremos revisar esta breve presentación que espero sea de ayuda a su labor de formación.

Aprendizaje basado en proyectos

Si queremos un aprendizaje donde el estudiante desarrolle su habilidades intelectuales y emocionales, una estrategia adecuada es el “Aprendizaje basada en Proyectos”.

Si queremos desarrollar la capacidad de aprender a aprender, resolver problemas, tomar decisiones, o desarrollar competencias profesionales como: trabajo en equipo, comunicación oral y escrita, emprendimiento, resolución problemas de manera asertiva y crítica, o desarrollar competencias sociales como análisis de la realidad y transformación de su entorno, considero poner en juego la elaboración, entre el maestro y los alumnos, de proyectos formativos.

Los egresados y futuros profesionistas, además de los conocimientos y competencias de su disciplina o carrera, deben tener las habilidades que le permitan enfrentar el mundo laboral, a la sociedad en crisis, en concreto, capaz de ser agente de cambio ante los retos de su comunidad o país en que viven.

Les compartimos este enlace http://www.genial.ly/View/Index/56c24aa61561e8068029f468 para ser usada y aplicada en la docencia, en cualquier programa, nivel educativo y contexto social.

Jóvenes-México

 

Comprender lo que somos

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¿Qué pienso del ser humano? ¿Qué pienso de mi mismo, de lo que soy? ¿Tiene sentido conocerse a sí mismo cuando han pasado años de existencia? ¿Para qué? ¿Por qué esta frase lleva siglos resonando en el ser humano, mujer y hombre: conócete a ti mismo? ¿Realmente sabemos quién es el ser humano? Las anteriores preguntas no tienen nada de extraordinario y si mucho de común, pero precisamente en la cotidianidad y el sentido de lo común está la clave de lo complejo de ser humano. En la educación es fundamental definir el concepto o idea de ser humano pues de ello depende el cómo para educarlo. En el currículum defines el perfil de egreso y con base en ello planteas el camino o trayecto a recorrer asegurando alcanzar con ello dicho perfil. En la actual reforma constitucional del artículo 3° quedan intactos los conceptos tales como: “mejor convivencia humana”, “dignidad de la persona”, “integridad de la familia”, “la convicción del interés general de la sociedad”, “ideales de fraternidad e igualdad de derechos”, que orientan, de algún modo, cómo quiere que viva el mexicano y mexicana de hoy, cómo quiere que se relacione y alcance la realización individual y colectiva.
La definición de quién somos no es nada sencilla, a lo largo de los siglos ha habido diferentes respuestas, y las últimas contienen una visión holística, integradora e incluso hasta confusa.
El ser humano es proceso, camino, construcción, crecimiento, corporeidad, inteligencia, emocionalidad, historia y contexto. Nos vamos formando mediatizados por el mundo (Freire), es decir, somos en relación a lo externo, el ambiente, el lugar, a las personas con las que interactuamos y el tiempo cultural en el que nos movemos, no sin olvidar la interiorización, la exploración de lo que somos a través de la conciencia y autocrítica.
Somos complicación en el camino; entiendo esa complejidad porque la dicotomía está presente, la dialéctica está en la epidermis, es decir, somos contrariedad y diversidad. Algunos opuestos que nos definen: bien y mal, pasión y acción, oscuridad y luz, amor y desamor, esperanza y desolación, comunidad e individualidad, alegría y tristeza, compañía y soledad, el bien personal y bien común. La diversidad está en hombre y mujer, amigos y familia, mi comunidad y mi nación, la rapidez y lo audaz, lo crítico y lo creativo, el aprendizaje y el error, el éxito y fracaso. Estos y muchos conceptos más nos atañen y nos moldean; podríamos pensar más en la medida en que nuestros conocimientos se multiplican en un contenedor llamado lenguaje.
Si analizamos estas ideas, estos opuesto y esta diversidad, entenderemos que no podemos esperar seres humanos perfectos, que se hacen y no se tocan, que si se rompe se reconstruye hasta que quede igual, o como diría Latapí, “el concepto de calidad…hoy se emplea con una carga productivista que cosifica al alumno y sus aprendizajes…la actual doctrina de la excelencia ha entronizado un ideal de perfección que reduce las posibilidades humanas…La perfección no es humana. Somos esencialmente vulnerables, y el que no lo crea es porque está ya vulnerado”. Cuando pensamos en ser algo más, en alcanzar la excelencia, es porque volvemos sobre una idea predeterminada y que nos aprisiona a la cual seguimos aspirando hasta la eternidad. ¡NO! Somos más que eso, somos posibilidad, somos asombro, somos temor, somos belleza, somos diálogo, somos proposición, somos proximidad con otros humanos que también están en búsqueda, somos intenciones que nos tocan y tienen el poder de transformarnos (siempre y cuando entendamos que la finalidad de todas nuestras intenciones y acciones son personas, sea uno mismo o el otro).
Si todo esto somos, surgen más preguntas ¿cómo formar o educar eso que somos? ¿Qué método educativo tenemos que seguir para que ahora sí obtengamos resultados permanentes, que dejen huella y que sean para el resto de nuestras vidas? En el supuesto de que eso somos, tres acciones educativas no deben faltar en cualquier interacción educador-educando que pretenda dejar huella: tener mayor conciencia de eso que somos, impulsar las posibilidades y talentos, y desarrollar eso que somos con nuestra inteligencia y emocionalidad. Me explico en este último. Tenemos una estructura interna: intelectual y emocional con la que nos acercamos al mundo, lo entendemos y si nos va bien, llegamos a transformarlo. El primer paso es atender a todos los datos que entran a través de nuestros sentidos y se recrean en nuestra imaginación; segundo, entender la relación que guardan todos los datos que logremos acoger; tercero, comprobar que aquello que entendimos es cierto mediante la argumentación, para llegar a un cuarto paso, decidir pensando en el bien que hacemos con dichas decisiones y acciones, es decir, orientar nuestros sentimientos para querer el crecimiento del otro (sea hijo, pareja, amigo, familia). La herramienta que tenemos al alcance es la pregunta, aquella pregunta que activa el pensamiento y mueve las pasiones y sentimientos, si no hay pregunta, no hay crecimiento.
Eso que somos, nos define, diferencia y nos pone en equidad con los otros, todo al mismo tiempo. Ejercitemos nuestro intelecto y emocionalidad para conocernos, conocer a otros y mejorar lo que somos.

Ignacio Solano Rodríguez
Rector de la Universidad Leonardo Da Vinci
jisolanor@hotmail.com
@ignaciosolano1

Educación para Morena, güera, mulata y otras.

En una entrevista que Carmen Aristegui le hace a Andrés Manuel López Obrador después de que nombran a Martí Batres como Presidente del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), le pregunta si no resulta contradictorio estar criticando y reprochando a los partidos y que conviertan a dicho movimiento social en una partido más,  que a mi parecer, pueda aumentar las filas demagógicas de un ámbito político discursivo y poco eficaz.

La respuesta es obvia, ¡será un partido diferente!, sin embargo con pocos elementos para convencer y argumentar la presencia de otro partido más en nuestro sistema político mexicano. Si un partido quiere renovarse, si un movimiento social quiere impactar y transformar de fondo, debe dar paso a liderazgos nuevos con el respaldo de los antiguos, y sobre todo, en un mundo político rampante, astuto, empantanado, ligero en sus resultados y pesado en sus promesas, un nuevo partido debe gozar de transparencia, argumentación y estrategias ciudadanas bien cimentadas.

 Morena tiene características definidas: es un movimiento de las clases populares, de la gente, del hartazgo social y segundo, con el reto enorme de que los liderazgos visibles den paso a liderazgos nuevos, fuertes, invisibles  y que no tengan otra salida que irse construyendo desde la reflexión y la realidad. Ciudadanos debemos voltear la tortilla: no son los seguidores que dependen de los partidos, son  los partidos quienes dependen de la participación analítica, propositiva  y exigente de los ciudadanos.

Me pareció muy significativo el crecimiento de MORENA por toda la república, sin embargo pienso que siguen mandando a la batalla con tenedores, me explico, es un gran avance el impacto social y arrastre que tiene este movimiento, digno de un estudio sociológico y cultural, sin embargo retrocede pues enfrenta una realidad política con herramientas inútiles y repetitivas: poner a la cabeza a un político que renuncia a un partido que él fundó, que ha pasado por varios puestos públicos y que puede encerrarlo en la gran tentación de embriagarse de poder. Si vamos a luchar por un cambio y renovarnos profundamente, vayamos realmente cambiando las cosas: necesitamos un movimiento ciudadano que cambie de fondo las maneras de hacer política, romper con los esquemas establecidos dentro del ámbito político, que elimine las pleitesías al político y se dialogue para encontrar respuestas a preguntas cotidianas.

Nos urge una educación ciudadana, cívica o simplemente, ser competentes para la civilidad y el ejercicio de nuestros derechos políticos. Si hablamos de competencias cívicas podemos enlistar las siguientes: tomar decisiones conscientes, ser solidarios, alcanzar el bien común, establecer un diálogo que forme comunidad, decisiones éticas que promuevan el bien de las personas, tolerancia a la diversidad y un alto sentido de promover la justicia. Una educación que genere “las herramientas de mayor potencial transformador en aras del crecimiento económico, la inclusión social y el bienestar de los ciudadanos” (Bárcena, Alicia. 2011. Educación, desarrollo y ciudadanía en América Latina. Chile: CEPAL).  ¿Cómo educar para usar el poder al servicio del ser humano, para decidir siempre en la búsqueda del bien particular y del bien común? Esto tiene que ver con dos procesos importantes a desarrollar en los educandos dentro del ámbito que llamamos educación para la vida: la inteligencia, entendida como ese proceso donde nuestros sentidos y percepciones están vinculados a una secuencia sólida con el análisis, la reflexión, la relación, comparación y comprobación de los conceptos o situaciones; la emocionalidad, entendida  como aquellos sentimientos y valores que se van impregnando en nuestro corazón y que son determinantes al momento de tomar decisiones y seguir conductas altamente racionales y éticas. El reto no sólo es cobertura, sino una educación de calidad que incluya las capacidades para adaptarse a un mundo globalizado, económico y eminentemente político.

 

Mtro. Ignacio Solano. Rector de UNILEVI

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Desigualdad económica y educación

Desigualdad económica y educación.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) presentó este 27 de noviembre su informe sobre el Panorama Social de América Latina. Destaca algunos elementos grises que nos pueden mover a la acción o nos pueden hacer descansar en la quietud de la desesperanza.

 

En el entendido de que una persona se considera pobre cuando el ingreso por habitante de su hogar no es suficiente para satisfacer sus necesidades esenciales, estas necesidades se determinan de acuerdo al valor de una canasta con bienes alimentarios, bienes no alimentarios y servicios básicos. Y extrema pobreza o indigencia, sólo cuenta para cubrir las necesidades básicas de alimentación.

Hoy en día, aproximadamente tres de cada diez latinoamericanos viven en la pobreza y uno de cada diez vive en la indigencia. Sabemos que de 1990 al 2012 ha disminuido de forma pausada pero constante, sin embargo los países de América Latina siguen expresando un alto nivel de concentración de la riqueza, es decir, que el dinero está en unas cuantas manos y muchos tienen pocos recursos económicos; para ilustrarlo en números, el 40% de la población con ingresos más bajos capta el 15% total del ingreso, mientras que el 10% de la población con ingresos más altos posee un tercio del ingreso total, 33%. Tehuacán padece un alto porcentaje de pobreza que está, aproximadamente, en un 50%, lo que implica puntualizar en las estrategias que disminuyan las condiciones precarias y difíciles que viven diversas zonas de riesgo o colonias de la periferia.

Para la CEPAL uno de los retos sigue siendo la superación de la pobreza y la reducción de las brechas de desigualdad, tales brechas se dan en múltiples ámbitos como logros educacionales (escolaridad en un país o un estado, en el caso de Puebla estamos con índice de escolaridad de segundo años de secundaria) inserción social, acceso a la protección social (salud, educación y alimentación) y procesos de inclusión y tolerancia a la diversidad y pluralidad. Las preguntas son variadas: ¿qué tipo de educación necesitamos para acortar la brecha de desigualdad económica? ¿Qué políticas públicas deben establecerse, de tal manera que perdure el impacto social y sean eficaces en sus resultados? ¿Los diferentes sectores de la sociedad hasta donde están dispuestos a generar los acuerdos y alianzas necesarias para atacar el problema desde los diferentes ámbitos?

Este informe y esfuerzo internacional no tendría sentido si no hacemos posible que, desde lo micro-sociedad, se den pequeñas o grandes transformaciones. La educación sigue siendo el detonante para mejorar las condiciones. Si queremos que trabajadores obtengan mejores salarios y sean competitivos y productivos, solamente será posible a través de personas con alto rendimiento, es decir, que manejen los conocimientos de su área o especialización, que tengan las habilidades resolutivas y de adaptación para enfrentar los retos que se presentan en la vida cotidiana y una sólida formación ética que oriente la conducta para consigo mismo y para con los que le rodean. Esta integración de saberes (aprender a aprender, aprender a ser, aprender a hacer y aprender a convivir) deben impulsar la generación de recursos económicos a corto, mediano y largo plazo.

Dos son los mecanismos para impulsar el desarrollo: tener fe en los procesos integrales de educación de las personas y segundo, las alianzas con los diferentes sectores de la sociedad para paliar los índices de pobreza, desigualdad y rezago. Estas alianzas deben ser eficaces y eficientes, desde el empresario que le apueste a la actualización, pasando por las autoridades civiles que fomenten, con el ejemplo y con programas sociales, una ciudadanía rica en infraestructura así como en el fortalecimiento de los valores cívicos tales como la información, la criticidad, la participación y la proposición, desde luego, con una responsabilidad ciudadana que permita identificar los caminos a seguir, las cuestiones a corregir y los caminos a recorrer.

 Mtro. Ignacio Solano. Rector de la UNILEVI. Twiter: @ignaciosolano1