¿A quién beneficia realmente el Nuevo Modelo Educativo?

Ante los continuos cambios sociales, es obvio que necesitamos repensar el modelo educativo, la forma en qué estamos educando y el perfil de alumno que queremos formar para este país y sus grandes desafíos. Urgía una reforma educativa que tomara en cuenta el fondo y la forma, en este caso Enrique Peña Nieto empezó por la forma y después por el fondo, sin embargo las bases de dicho modelo educativo tienen sus bemoles, su incertidumbres, es decir, la intención real de dicho modelo dista mucho de alcanzar el fin último: el verdadero desarrollo de cada niño, joven, docente, directivo y padre de familia, actores todos de la gran esperanza llamada educación.

Cuando se han implementado reformas, cambios y proyectos educativos en los distintos Gobiernos de nuestro país, se han pensado y planeado de forma vertical, de arriba hacia abajo. Aun cuando se realizaron las consultas correspondientes, los Foros de consulta en las distintas regiones del país, y un equipo de especialistas (CIDE) se hicieran cargo de sistematizar las diversas propuestas, el trabajo de formulación, argumentación y construcción de un Modelo Educativo debió haberse hecho con  docentes, directivos, supervisores, jefes de sector, investigadores de la educación y especialistas en historia de la educación en México, para que tuviera el mayor toque de realismo, capaz de analizar  las problemáticas, necesidades y retos del campo de batalla, de la micro educación, de lo que está pasando en el aula.

El intento de revolucionar la educación ha estado presente en varios momentos de la historia de México, pocos con éxito y de alto impacto. Fernando Solana en el libro, “La SEP por dentro” (2004), de Pablo Latapí Sarre, afirma y desnuda con claridad que “los presidentes de México no han tenido una visión de la educación dentro de un proyecto nacional, como instrumento para construir una sociedad y un país (sólo la  tuvieron Álvaro Obregón con José  Vasconcelos y, en cierta forma, Adolfo López Mateos por influencia de Jaime Torres Bodet)”.  En el mismo libro, Latapí Sarre puntualiza que Manuel Bartlett intentó sin éxito llevar a cabo la descentralización de la educación básica e implementar una reforma educativa, la cual incluía un Modelo Operativo, que nunca obtuvo la aprobación del magisterio. Esta difícil tarea le costó su lugar en la silla de Vasconcelos. Parece, hasta ahora, que una gran parte del magisterio ha aceptado dicho modelo como signo de aprobación, más no lo ha revisado, valorado ni hecho propio, este es uno de los grandes desafíos ¿le dará tiempo en este corto espacio de gobierno que queda, tener la aprobación real de los educadores de este país?.

Un ejemplo claro de operación política lo dio Zedillo en los 20 meses que ocupó el cargo de Secretario de Educación Pública. Entró en enero de 1992 y para el 18 de mayo del mismo año, ya estaba firmado el Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica, tanto por la SEP, por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y  los gobiernos estatales. Los cambios educativos que este tiempo representó, también tienen sus cuestionables resultados y que hoy se han ido renovando: Carrera Magisterial, programas y libros de texto y la Ley General de Educación; ello nos indica que las mejoras sustanciales en la formación de los ciudadanos no han sido exitosas, y al pasar de las décadas tenemos resultados educativos que nos cuestionan y exigen auténticos modelos y maneras de educar. El manejo político a esta Reforma Educativa, que incluye un nuevo Modelo Educativo, no es suficiente y tendrá resultados similares a propuestas del pasado. Una pregunta que pondrá a prueba el Modelo Educativo es ¿si el Gobierno que quede electo para el 2018, mantendrá dicho proyecto educativo?

El papel del docente en estos movimientos políticos y educativos, fue reconocido por las autoridades de la SEP y la misma Presidencia de la República, pero no por ello el problema está resuelto, tenemos que trabajar en un diálogo y compromiso mutuo entre autoridades educativas y docentes para hacer posible los planteamientos reformadores. Ernesto Meneses tenía claro que el principal problema, reto y aspecto que en la historia de la educación mexicana no se había trabajado, es la relación alumno – docente. De ella depende la aplicación de contenidos, infraestructura, libros de texto y demás herramientas externas, incluso de cualquier modelo pedagógico. En el documento saliente afirma que “…los docentes deben recibir apoyo en su formación para desarrollar las capacidades que el aprendizaje exige” (SEP, Modelo Educativo para la educación obligatoria, 2017), ¿Cuánto tiempo nos llevara hacer que cada docente tenga dichas capacidades para hacer posible que el alumno, con un contexto e historia determinada, aprenda a aprender, a ser crítico, a desarrollar habilidades socioemocionales, artísticas, a desarrollar lo que es y tiene? ¿Están contempladas estrategias de fondo, en el nuevo impulso a la formación docente inicial y continua?

El verdadero fin del Modelo Educativo implica la pregunta añeja: Educar ¿para qué?, y más aún, implica una filosofía Educativa, una revisión de los postulados educativos que respaldan el artículo tercero constitucional. Nos falta la transformación de sueños a necesidades educativas, de políticas educativas a procesos de aprendizajes humanizados y personalizados. El proceso educativo es complejo, tanto por lo humano como por lo histórico y su contexto, y ante ello, los resultados esperados con este Nuevo Modelo Educativo no tienen mucha certidumbre, sí orden e imagen. Esta propuesta gubernamental tiene varios temas que sortear: ¿El análisis, la aprobación y puesta en marcha de dicho documento por parte de docentes, directivos y padres de familia, así como de la sociedad civil organizada, tendrá los resultados esperados? No hay una estrategia y lineamientos claros para la formación del maestro, y menos un diagnóstico de las habilidades docentes, ¿cuál es la situación de docentes mexicanos con respecto a sus habilidades de enseñanza, de pensamiento crítico y de la habilidad para aprender a aprender? (necesaria esta información para enfocar las tareas de formación) ¿Bastará el tiempo que queda del sexenio para hacer que educadores nos apropiemos del Modelo?

Seguimos con nuestra clases expositivas, todavía muchos docentes tenemos la tendencia de educar como lo hicieron con nosotros y no para educar a partir del diálogo, del razonamiento y el libre pensamiento, de escuchar y reflexionar sobre lo que nuestros niños y jóvenes son, viven, piensan y sienten. Tenemos una realidad social e histórica en las aulas que nos compromete a cambiar de raíz nuestra práctica educativa, nuestra administración de los recursos públicos y reorientación constante de las políticas públicas; de no hacerlo, solo tendrá este Modelo Educativo un beneficio mediático y político para unos cuantos y no un impacto y huella para el bien de niños y jóvenes mexicanos de hoy y del futuro.

José Ignacio Solano Rodríguez

2 comentarios en “¿A quién beneficia realmente el Nuevo Modelo Educativo?

    1. José Ignacio Solano Rodríguez

      Las politicas educativas deberán reresponder a estas realidades futuras. En México vamos un paso atrás. El educador debe estar consciente y capacitado para ello.

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