Comprender lo que somos

educacion 1
¿Qué pienso del ser humano? ¿Qué pienso de mi mismo, de lo que soy? ¿Tiene sentido conocerse a sí mismo cuando han pasado años de existencia? ¿Para qué? ¿Por qué esta frase lleva siglos resonando en el ser humano, mujer y hombre: conócete a ti mismo? ¿Realmente sabemos quién es el ser humano? Las anteriores preguntas no tienen nada de extraordinario y si mucho de común, pero precisamente en la cotidianidad y el sentido de lo común está la clave de lo complejo de ser humano. En la educación es fundamental definir el concepto o idea de ser humano pues de ello depende el cómo para educarlo. En el currículum defines el perfil de egreso y con base en ello planteas el camino o trayecto a recorrer asegurando alcanzar con ello dicho perfil. En la actual reforma constitucional del artículo 3° quedan intactos los conceptos tales como: “mejor convivencia humana”, “dignidad de la persona”, “integridad de la familia”, “la convicción del interés general de la sociedad”, “ideales de fraternidad e igualdad de derechos”, que orientan, de algún modo, cómo quiere que viva el mexicano y mexicana de hoy, cómo quiere que se relacione y alcance la realización individual y colectiva.
La definición de quién somos no es nada sencilla, a lo largo de los siglos ha habido diferentes respuestas, y las últimas contienen una visión holística, integradora e incluso hasta confusa.
El ser humano es proceso, camino, construcción, crecimiento, corporeidad, inteligencia, emocionalidad, historia y contexto. Nos vamos formando mediatizados por el mundo (Freire), es decir, somos en relación a lo externo, el ambiente, el lugar, a las personas con las que interactuamos y el tiempo cultural en el que nos movemos, no sin olvidar la interiorización, la exploración de lo que somos a través de la conciencia y autocrítica.
Somos complicación en el camino; entiendo esa complejidad porque la dicotomía está presente, la dialéctica está en la epidermis, es decir, somos contrariedad y diversidad. Algunos opuestos que nos definen: bien y mal, pasión y acción, oscuridad y luz, amor y desamor, esperanza y desolación, comunidad e individualidad, alegría y tristeza, compañía y soledad, el bien personal y bien común. La diversidad está en hombre y mujer, amigos y familia, mi comunidad y mi nación, la rapidez y lo audaz, lo crítico y lo creativo, el aprendizaje y el error, el éxito y fracaso. Estos y muchos conceptos más nos atañen y nos moldean; podríamos pensar más en la medida en que nuestros conocimientos se multiplican en un contenedor llamado lenguaje.
Si analizamos estas ideas, estos opuesto y esta diversidad, entenderemos que no podemos esperar seres humanos perfectos, que se hacen y no se tocan, que si se rompe se reconstruye hasta que quede igual, o como diría Latapí, “el concepto de calidad…hoy se emplea con una carga productivista que cosifica al alumno y sus aprendizajes…la actual doctrina de la excelencia ha entronizado un ideal de perfección que reduce las posibilidades humanas…La perfección no es humana. Somos esencialmente vulnerables, y el que no lo crea es porque está ya vulnerado”. Cuando pensamos en ser algo más, en alcanzar la excelencia, es porque volvemos sobre una idea predeterminada y que nos aprisiona a la cual seguimos aspirando hasta la eternidad. ¡NO! Somos más que eso, somos posibilidad, somos asombro, somos temor, somos belleza, somos diálogo, somos proposición, somos proximidad con otros humanos que también están en búsqueda, somos intenciones que nos tocan y tienen el poder de transformarnos (siempre y cuando entendamos que la finalidad de todas nuestras intenciones y acciones son personas, sea uno mismo o el otro).
Si todo esto somos, surgen más preguntas ¿cómo formar o educar eso que somos? ¿Qué método educativo tenemos que seguir para que ahora sí obtengamos resultados permanentes, que dejen huella y que sean para el resto de nuestras vidas? En el supuesto de que eso somos, tres acciones educativas no deben faltar en cualquier interacción educador-educando que pretenda dejar huella: tener mayor conciencia de eso que somos, impulsar las posibilidades y talentos, y desarrollar eso que somos con nuestra inteligencia y emocionalidad. Me explico en este último. Tenemos una estructura interna: intelectual y emocional con la que nos acercamos al mundo, lo entendemos y si nos va bien, llegamos a transformarlo. El primer paso es atender a todos los datos que entran a través de nuestros sentidos y se recrean en nuestra imaginación; segundo, entender la relación que guardan todos los datos que logremos acoger; tercero, comprobar que aquello que entendimos es cierto mediante la argumentación, para llegar a un cuarto paso, decidir pensando en el bien que hacemos con dichas decisiones y acciones, es decir, orientar nuestros sentimientos para querer el crecimiento del otro (sea hijo, pareja, amigo, familia). La herramienta que tenemos al alcance es la pregunta, aquella pregunta que activa el pensamiento y mueve las pasiones y sentimientos, si no hay pregunta, no hay crecimiento.
Eso que somos, nos define, diferencia y nos pone en equidad con los otros, todo al mismo tiempo. Ejercitemos nuestro intelecto y emocionalidad para conocernos, conocer a otros y mejorar lo que somos.

Ignacio Solano Rodríguez
Rector de la Universidad Leonardo Da Vinci
jisolanor@hotmail.com
@ignaciosolano1

2 comentarios en “Comprender lo que somos

  1. eréndira trujillo cid

    Cuando dices: “Somos esencialmente vulnerables, y el que no lo crea es porque está ya vulnerado”. Me recuerda a la frase de Fernando Savater: “La certeza del amor; cuando existe; te hace invulnerable”. Considero entonces que en las escuelas es lo que el Docente debe en primer término aprender y practicar, el amor a sus alumnos como hijos, para que ese amor termine con su esencia vulnerable y lo transforme en un ser humano, que sabiendose amado, sino por su familia, pero sí por alguien, (su maestro), adquiera la fuerza del que el amor te dota, y se trasforme en alguien invulnerable, crezca, se desarrolle integralmente como ser único e irrepetible, valioso, pero sobre todo, que adquiera la capacidad de amar en su más alto eslabón, para trasformar a otras personas en seres invulnerables…

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