¡Me ayudas con el Sapo, papá!

En una tarea divertida y sin una hora específica para convivir, mi hija y yo, nos pusimos a colorear a las 6:10 am, con intensa alegría de haber encontrado los colores perdidos entre libros y juguetes.

Quiero que pintes conmigo el Sapo.

¿y por qué de rojo? – porque así yo quiero.

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Educar a una hija o hijo, alumno o alumna, requiere actitudes, conocimientos y habilidades, pero sobre todo tener claro el bien que les queremos hacer, es decir, la felicidad que les queremos propiciar.

Educar tiene que ver con las habilidades que queremos que tengan para resolver cualquier problema, desde cómo pintar, qué color elegir, que piensen el gusto y la alegría que les produce pintar. El acompañamiento es sencillo: realmente ponerles atención en esa breve interacción con una pregunta que parta de ellos.

Los conocimientos son importantes, son pretexto, son el medio para llegar al fin: que puedan aplicarlos, reciclarlos y crear con ellos.

Si rematamos los conocimientos y habilidades con una carga fuerte de buenas actitudes al interactuar con nuestros hijos, integraremos el desarrollo de lo que son: Inteligencia y emoción. Una buena actitud es una emoción consciente que busca hacerle un bien a la otra persona. Así la responsabilidad, el apoyo, la solidaridad implican tener claro el para qué y el sentimiento hacia la persona.

Humanizar la educación es educar conscientemente al humano concreto que está a nuestro lado, con el que quisimos comprometernos para alcanzar y construir desde él, su bienestar.

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